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Una década sin Cash

18 Sep

Hablar de música country en México y otros países de habla hispana siempre conlleva a burlas acerca de la llamada “música para ranchero gringo”, un término despectivo para un género musical que ha entregado al mundo grandes figuras que traspasaron fronteras a lo largo de la historia. Entre los muchos nombres que podría citar, invariablemente sobresale un hombre vestido de negro que siempre habló con la verdad y que hasta el último día de su vida rasgó su guitarra con emoción y sentimiento: Johnny Cash.

cash

10 años han pasado desde que Cash dejó de respirar el mismo aire que nosotros, 10 años en los que su obra ha estado más que presente en nuestras vidas y que de poco en poco el público ha sabido entender. Personalmente mi historia con Cash comenzó a raíz de los “American Recordings”, la última serie de grabaciones que el originario de Arkansas realizó en vida, una serie en la que Cash se apropió de temas ajenos e hizo suyos muy a su manera, contando con el apoyo del productor Rick Rubin para entregarnos cuatro volúmenes en vida. Todavía recuerdo la primera vez que vi el vídeo de “Hurt”, uno de mis temas favoritos de NIN y que, con la cintura en la mano, Cash empapó de su aura a tal grado que hasta el mismo Reznor dijo sentir que esa canción no le pertenecía más. En dicho vídeo se puede observar a un hombre viejo y cansado haciendo una revisión a su vida, las altas y las bajas y toda la gente que lo acompañó en su andar por este mundo, un video lleno de sentimiento que, sin siquiera imaginarlo, era en realidad un epitafio adelantado de un hombre que se sentía listo para dejar el mundo terrenal.

Más allá del country, Johnny Cash se ha convertido en un icono del Rock, una figura que bien le podría pelear el título del Rey del Rock al mismo Elvis, con el que formó parte del Million Dollar Quartet en 1956 al lado de otras dos figuras del género: Jerry Lee Lewis y Carl Lee Perkins. Las temáticas de sus canciones siempre fueron crudas, hablando de la injusticia, la disparidad social y cuestiones espirituales. Siempre mostró un enorme carácter y un temple de acero, al grado de meterse a las prisiones de Folsom y San Quentin para llevarle música a los reos, siendo justamente ese par de álbumes en directo piezas clave en su prolífica carrera.

Es ahora, una década después de su deceso que nos percatamos de todas estas cualidades de Cash y que hoy en día ningún músico posee, pocas postales son tan emblemáticas como la de aquella figura de negro cargando en su espalda su guitarra, un individuo que sin mucho circo y sin tanta faramalla se apropiaba del escenario, no sin antes pronunciar unas sencillas pero contundentes palabras al público que cada noche lo acompañó, palabras que se convirtieron en marca registrada de este maestro musical y que ya formaban parte de un ritual: “Hola, soy Johnny Cash”. Una leyenda en su propio tiempo que no ha hecho más que engrandecerse con el paso de los años.

Por Frank Ramírez



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