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Omar Souleyman en la clausura del Festival Aural

24 Mar
Previa

Después de una hora de espera y el cambio de venue al salón de fiestas del SNTE —aka Centro Cultural del México Contemporáneo—, comenzó una experiencia que ya el lugar anunciaba rara. Veríamos a Omar Souleyman en un lugar en el que, seguramente, se efectúan bodas: una pista amplia, palmeras interiores adornadas con luces, un gran escenario que podría albergar a un grupo versátil, la pantalla enorme y una carpa adaptada para el espacio —así como muchos lugares del centro a los que se les ha destinado este uso improvisado—.

Un cuarteto, llamado Las Brisas, inició la noche con sonidos electrónicos que más se tardaron en “setear” que en lo que olvidamos lo que sucedió. Bastante tiempo después salió Omar Souleyman al escenario, precedido por su tecladista, quien apegado a la tradición musical, realizó una larga introducción para preparar los ánimos y anunciar la entrada triunfal de Souleyman, quien nunca dejó de animar al público con aplausos y sonrisas. Por apróximadamente una hora los asistentes no dejaron de bailar. Incluso, algunos de los bailarines más refinados y experimentados en las danzas orientales que se encontraban en la audiencia, acompañaron a Souleyman en el escenario. De pronto, había aproximadamente 10 personas expertas e inexpertas en el baile, frente a los ojos de todos, sin poder robarle el espectáculo a Omar Souleyman.

La presentación de Omar Souleyman fue memorable; sin embargo, el público mexicano se quedó con ganas de más debke y baile.

El audio en todo el festival tuvo miles de problemas, pero en los últimos 2 eventos fueron espantosos los volúmenes empleados en la mezcla de sonidos; además, parecía que no se realizó un soundcheck previo en el que se pudieran resanar las deficiencias sonoras de los lugares seleccionados para el evento.

Constantemente se le podía ver a Omar Souleyman pedir cambios al volmen. Había una especie de limbo sonoro en el centro del escenario: como si existiera un muro invisible que no permitía que las ondas viajaran libremente y se regresaran al punto de origen. En la parte posterior de la pista, el sonido era peor: el rebote constante y el eco creaban una maraña acústica que lastimaba los oídos. El mejor lugar para estar era en el centro de la pista. Sólo ahí se escuchó bien todo el concierto.

El Festival Aural de este año fue mucho más diverso que en otras ediciones: tuvo un cartel más arriesgado que trató de darle gusto a más sectores de la población y ya no sólo a los seguidores de géneros como el noise, electrónica, avant-garde, etcétera. Tal vez esto se deba a la desaparición de otros sectores dentro del Festival de México —como el siempre festivo Radical Mestizo—; quizá esto es sólo el inicio de la expansión del Festival hacia la autonomía. Lo que no me gustaría que pasara es que Aural se convierta en “el cajón de sastre” del Festival de México.

por: @Readymaid

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