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Nine Inch Nails en Lollapalooza: un nuevo inicio

12 Ago

La noche del pasado viernes 2 de agosto fuimos testigos de uno de los regresos musicales más esperados del año, el retorno de aquella banda que estremeció los oídos del mundo entero a finales de los 80 por su sonido seco, crudo y en momentos lúgubre y agresivo era el motivo que tenía a muchos de nosotros expectantes frente a nuestros monitores o, en el mejor de los casos, entre la multitud que abarrotaba el escenario del festival Lollapalooza en la ciudad de Chicago. Muchos de nosotros ya habíamos visto lo que NIN había hecho días antes en el festival de Fuji, en el continente asiático, sin embargo esta presentación era la que el ojo público esperaba de manera impaciente, el regreso del grupo al festival que los catapultó a la fama mundial en el lejano año de 1994 y que bien podría servir para enmarcar un regreso de ensueño.

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Fotografía, vía http://www.spin.com/

Luego de un show medianamente bueno de The Killers, las luces del escenario se apagaron, no había más que un pequeño sintetizador y unas luces amarillas apuntando hacia el centro del escenario cuando, de manera tranquila y callada, Trent Reznor subió al mismo ataviado de una playera sin mangas y una bermuda que dejaba ver el largo de sus botas militares, tal y como lo recordábamos en sus primeros años al frente de los Nails. Poco a poco se comenzó a dibujar “Copy of A”, tema perteneciente a “Hesitation Marks”, mientras que uno a uno subían al escenario los integrantes de este NIN: Robin Finck, Ilan Rubin, Alessandro Cortini y el debutante Joshua Eustis son los músicos que acompañan en esta ocasión a Reznor en la travesía que supone el regreso de una de las bandas más influyentes de los últimos 20 años, ya con ellos en el escenario comenzó la explosión y el despliegue tecnológico que ya es tan característico de NIN.

spin.com

 

Fotografía, vía http://www.spin.com/

Hablar de NIN es hablar de una banda que no solo es virtuosa en su ejecución, es hablar de un grupo capaz de brindar una experiencia multisensorial a su público gracias al uso correcto de la tecnología, buscando siempre ampliar la experiencia de ir a un concierto suyo, provocando que la audiencia entre en el mismo mundo interno que Reznor ha construido a lo largo de estos años, un mundo lleno de caos, ira, melancolía y mucho, mucho sentimiento. Existían varias dudas acerca de este regreso de NIN, algunas originadas por lo mostrado previamente en el trabajo de Reznor junto a Atticus Ross y su proyecto alterno How To Destroy Angels, sin embargo solo bastaron minutos para darnos cuenta de que la energía seguía ahí, que todo ese tiempo de silencio sirvió para hacer que este regreso fuera brutal, recordándonos con cada movimiento, con cada gesto y con cada grito quién demonios es Trent Reznor y por qué está donde está.

Una hora y media de concierto bastó para mostrarle al mundo que esa máquina viviente llamada Nine Inch Nails estaba de regreso, reclamando lo que es suyo y que muchos artistas han querido apropiarse sin éxito, haciendo un show digno de recordarse en el que incluso se tomaron la libertad de tocar uno de los temas que Reznor y Ross hicieron para David Finch, algo totalmente inesperado y que más de uno agradeció esa noche de viernes.

Foto, vía http://www.sopitas.com/

 

Fotografía, vía www.sopitas.com/

Una vez más hemos sido testigos de lo que es capaz de entregar la mente creativa de Trent Reznor, mostrando un despliegue de luces y material visual imponente, una característica que ya se ha vuelto un sinónimo de NIN y que tal parece no ha encontrado un límite, sino todo lo contrario, cada gira representa un nuevo reto, una oportunidad para ir más allá de lo que se mostró en la ocasión pasada y eso, en gente como Trent, un músico que no tiene nada que demostrarle a nadie y que bien podría limitarse a hacer más de lo mismo y echarse a dormir en sus laureles, es algo que es digno de admirarse.

Por Frank Ramírez 

 



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