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Historias de un melómano: La puerta maravillosa de los noventa (Parte 1)

01 Jul

Oasis

Por Frank Ramírez

(Parte 1)

Recién caigo en la cuenta de que, desde hace mucho tiempo, los noventa dejaron de estar a esa distancia que, de manera casi automática, uno solía ubicar a poco más, o poco menos, de diez años.

Existen ciertas canciones que son estandartes de generaciones enteras, canciones que sirven como postales sonoras de determinadas épocas. Al evocar los setenta, por ejemplo, invariablemente resuenan en mi cabeza los acordes iniciales de “Hotel California” de The Eagles. Si me desplazo a una década más adelante —a la de los ochenta—, lo que vibra en mi mente es el falsete largo de “Take On Me”, de A-Ha. Pero si hablamos de los sesenta, seguro vamos a detenernos todos en “Satisfaction”, de los Rolling Stones.

Pues bien, algo similar sucede delante de mí y de una generación completa, al escuchar los primeros acordes salidos de esa guitarra acústica que Noel Gallagher, uno de los hijos predilectos de Manchester, sostenía de manera ingenua, casi inocente, a mediados de los noventa, y que terminó siendo uno de los pilares de toda una década, si no es que de toda la escena musical y del curso que esta tomaría en los siguientes años.

Resulta maravilloso notar la relevancia que alcanzó una agrupación formada por pueblerinos, alejados de todo estrato social acomodado, quienes tenían que luchar día a día para ganarse la vida…, y además, en medio de esa labor, hacer espacio para dedicarle tiempo a su pasión por la música. Esa agrupación liderada por los siempre conflictivos y arrogantes hermanos Gallagher logró hacer en cosa de un año lo impensable: darle un glorioso himno a una generación: “Wonderwall”.

Spice Girls

Era 1995, el reinado del grunge había terminado y la escena pop volvía a ganar terreno con actos como Hanson, Spice Girls y los Backstreet Boys. Oasis había debutado un año antes con el que ha sido catalogado por muchos como el mejor debut de todos los tiempos. Posición envidiable, pero igual complicada. Si la banda británica no superaba el reto de mejorarse a sí misma en su segundo álbum, o siquiera mantener el mismo nivel del que hasta entonces había sido su carta de presentación —“Definitely Maybe”—, el final era inminente. Fue entonces que la simplicidad de una tonada hizo que ese chispazo inicial lograra convertirse en un fuego ardiente, un faro que iluminaría el camino a seguir para toda una generación de músicos y escuchas y que no haría más que ratificar que lo sucedido un año atrás no había sido un golpe de suerte o una coincidencia.

Fue con “Wonderwall” que el flamante “(What’s The Story) Morning Glory?” terminó por consagrarse como un álbum legendario al que poco, si no es que nada, le faltó para ser simplemente perfecto. Pasaron ya 21 años desde que el mundo conoció “Wonderwall”: el tiempo suficiente para presenciar los interminables desencuentros entre este par de hermanos que no terminaron, para nuestra fortuna, como Caín y Abel, pero que, para tristeza de muchos otros, sus diferencias desembocaron en lo inevitable: la separación. El panorama pintaba gris, sin saber qué sería lo que vendría para los fragmentos de lo que alguna vez fue la banda más importante de brit pop de los 90, a menos, claro, de que en medio de este punto de quiebre, se gestara un nuevo comienzo para Noel y su guitarra.



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