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Historias de un melómano: “I Know it’s Over” y el dulce sufrimiento del desamor.

13 Feb

 

Por lo regular cada que se habla acerca del amor es común que se opte por resaltar lo maravilloso que puede ser, señalando ese empuje que tiene y lo vitalizador que puede ser cuando el sentir es recíproco. Sin embargo es necesario recordar que no todo es color de rosa y que el amor es una de esas emociones que así como se gozan, también son padecidas.

Para The Smiths ese sufrimiento implícito que conlleva el amar siempre fue la fuente de inspiración para muchos de sus temas, sobre todo cuando ese sufrimiento proviene de la desilusión causada por un amor no correspondido, encontrando su clímax en una tonada semilenta que captura la esencia de ese insoportable malestar que causa el abrupto final de un romance o algo parecido.

“I Know it’s Over” es un tema en el que Morrissey canta con el corazón en la mano, reconociendo sin rodeos que al amor le importa un comino si se es agradable, carismático, bien parecido o un buen ser humano cuando de sufrimiento por su ausencia se trata. Sin embargo no es propiamente el desamor el verdugo atroz de la humanidad, son más bien las ilusiones, las expectativas y esos sueños que el subconsciente crea a partir de conjeturas a las que el ser humano llega por sí solo y que son destrozadas cuando la realidad es vista tal como es y no como se desea.

La delicada batería de Mike Joyce y el hondo bajeo de Andy Rourke enmarcan el tándem melódico que la guitarra de Johnny Marr y las filosas letras de Morrissey entregan en poco menos de seis minutos, durante los cuales Mozz entrega la poesía digna de un corazón destrozado pero con voluntad de hacer arte con cada pedazo que yace en sus manos a través de una lírica que deja al descubierto a un ser malherido y desorientado al punto de no saber hacia dónde dirigir sus pasos, cayendo de las nubes de la fantasía hacía el frío y ríspido pavimento de la realidad, mismo en el que todas esas ilusiones de ser correspondido por el ser amado se han desmoronado hasta quedar prácticamente nada.

Y es que así de drásticos son los giros de tuerca que el amor suele dar: justo cuando todo parece ir por buen camino, surge algo que trunca las esperanzas de que el amor surja en el corazón de la otra persona. Una mezcla de emociones comienza a emerger desde el fondo de nuestros corazones y Morrissey proyecta cada una de ellas de manera puntual, a medio camino entre la razón y el sentimiento que ahoga al hombre en medio de tan dolorosa situación.

¿Es acaso tristeza? ¿Frustración? ¿Ira? ¿Desilusión de ver al ser amado enamorado de alguien más? En realidad son todas, mezcladas entre sí en un nudo de emociones que nublan el sentir y la razón del hombre y sin embargo, como bien indica Morrissey, lo único que demanda coraje y agallas es mantener la cordura, ser gentil, desearle lo mejor a esa persona y resistir esas ansias por perder el control y comportarse como un salvaje. Es en este momento en el que, luego del arranque frenético de emociones, Morrissey reconoce la cruda verdad: “el amor es natural y real pero no para personas como tú y yo, cariño”. Es aquí donde luego de vislumbrar escenarios de sufrimiento y dramatismo, llega la resignación y aceptación aún entre lamentos de que todo, absolutamente todo, ha terminado.

The Smiths no solo fue responsable de llevar el britpop a alturas nunca antes imaginadas, fue también la agrupación que le recordó al mundo entero que el sufrimiento es parte importante de nuestras vidas y que el desamor es el combustible inagotable capaz de brindar diversas formas de arte que en cada letra y acorde emana sudor, sangre y lágrimas, demostrando que detrás de esas melodías tristes hay un ser humano que no ansía otra cosa más que ser amado de la misma manera en que ama y que, en su intento por lograrlo, ha asumido los riesgos de padecer la falta de reciprocidad con todo y el malestar y vacío que esto pueda ocasionarle.

Y aún con todo y este cúmulo de emociones tan diversas y opuestas entre sí, el amor sigue siendo ese sentimiento por el que el ser humano es capaz de sufrir lo indecible sin importar si el sentimiento es efímero o si dura toda una vida. Algo que The Smiths entendía a la perfección y que supo convertir en poesía para los atormentados corazones de los mártires del amor, mismos que seguramente en días como hoy saborean ese agridulce dolor que nos recuerda que aún seguimos vivos.

Por Frank Ramírez



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