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Historias de un melómano: Pink Floyd, “Time” y una tarde nublada

17 Sep

2008-darkside

Por Frank Ramírez

5:24 P.M. es la hora que mi reloj marca en estos momentos, la tarde es nublada con muchas posibilidades de lluvia y en mi casa no hay nadie más que mis perros y yo, las ventanas se estremecen de vez en cuando a causa del aire y la música es lo único que me acompaña. El modo aleatorio es posiblemente la mejor manera de escuchar mi colección musical, probablemente se deba a que yo mismo soy así: aleatorio, random, un individuo que en menos de cinco minutos puede pasar de ser una persona rebosante de alegría al sujeto más miserable y deprimente del mundo y, ese detalle, se puede ver reflejado en la biblioteca musical que poseo: paso de escuchar a The Kooks y su ritmo bailarín y desenfadado a la siempre trágica obra de The Smiths, del Glam Rock de David Bowie al universo melancólico de M83 lleno de un sinfín de sonidos extraídos de algún lugar lejano en este universo y así sucesivamente, cuando repentinamente irrumpe la que quizá sea mi pieza preferida de Pink Floyd: “Time”. Dark Side of the Moon es indudablemente uno de los mejores discos que el mundo ha escuchado, avanzado para su época y siempre un referente para todo músico que pretenda hacer Rock Progresivo; de entre las piezas que componen este disco que hace poco cumplió cuatro décadas de existencia, sobresale particularmente “Time”, una melodía que cada vez que escucho logra ponerme meditabundo acerca del fluir del tiempo, me pone a pensar acerca de cómo es que el tiempo pasa sin que nos demos cuenta y, repentinamente, nos arrolla de manera atroz, recordándonos todo aquello que dejamos de hacer y que pesa sobre nuestros hombros como si fuera una asignatura pendiente en nuestras vidas.

¿Dónde estás parado ahora? ¿En qué terminó esa relación que juraste sería para siempre? ¿Qué pasó con la lista de propósitos que habías planteado tan motivado y lleno de alegría? Todas las respuestas conducen a sueños rotos, amistades concluidas, decepciones amorosas y un largo etcétera, se puede sentir como se impactan uno a uno en nuestra mente y corazón los descalabros acumulados…

Y entonces un día te das cuenta de que diez años te han dejado atrás, nadie te dijo cuando correr y has perdido el disparo de salida” Efectivamente, nadie nos dijo cuándo debíamos correr, posiblemente aún nos estamos alistando para una carrera que lleva años de haber empezado, mientras que la gente que veíamos a un lado en la línea de salida ahora está a metros, incluso kilómetros de distancia, ¿qué se supone que debo hacer ahora? Una vez dijo un tío algo que me dejó pensativo por días: si vives pensando que la vida debe adaptarse a ti, vivirás de manera terrible, te decepcionarás de la vida y jamás serás feliz; en cambio si sabes adaptarte a la vida serás capaz de disfrutarla, de vivir plenamente y libre de lamentos y quejas. Ese consejo fue una revelación para mí aquella noche de diciembre, una noche que parecía estar destinada al olvido y que resultó ser la noche en la que un poco de sabiduría tocó a mi puerta.

Hace tiempo escuchar “Time” era sinónimo de lamentos y decepciones, sin embargo ahora que la he vuelto a escuchar he sabido ver las cosas desde otra perspectiva, una perspectiva menos derrotista y más crítica. He dejado cosas abandonadas, mucha gente se ha ido de mi vida y las decepciones han estado a la orden del día, eso no lo puedo negar ni ocultar, lo que ahora me queda es aceptar mis fallas y trabajar para siempre dar la mejor versión de mi al mundo que me rodea y a la gente que aún me acompaña, una lectura esperanzadora es lo que ahora me deja escuchar aquel tema de Roger Waters y compañía.

El modo aleatorio sigue su curso y, como la vida misma, es cambiante en todo momento, es cuestión de unos minutos para que los ánimos cambien de manera radical, como ahora que el júbilo y energía de The Chemical Brothers sacude ese ánimo reflexivo que me tenía cautivo hace unos instantes.

Más música, por favor.



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