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Historias de un melómano: El triángulo de amor bizarro de New Order

20 Ago

BLT Jugo de Perro

Texto por Frank Ramírez, Ilustración por Jugo de Perro

Desde mis años de infancia he arraigado una tercia de gustos que, sin importar lo sucedido en mi vida, se han mantenido e incluso se han reafirmado con el paso del tiempo: los cómics, los videojuegos y la música. Dado que las dos primeras aficiones no tienen mucho que ver con lo que regularmente aquí escribo, solo me enfocaré en la música, un gusto que me fue inculcado prácticamente desde la cuna, cuando mis padres solían poner música en casa cada tarde. No trataré de engañarlos al decirles que mis padres eran todos unos revolucionarios que solían escuchar rock contestatario como el de The Who o música intelectual y de avanzada como la de Pink Floyd o King Crimson, mis padres siempre han sido fanáticos de la música disco, el rock sureño y, sobre todo, del synthpop de los 80.

Recuerdo varias tardes en las que mi madre solía sintonizar la extinta “Stereo Rey” para amenizar las labores domésticas que significaban cuidar a un niño hiperactivo como yo. Eran tardes en las que tuve mis primeros encuentros con The Human League, Ultravox, Erasure y, especialmente, con New Order. En un principio el ritmo y la melodía de su música fue lo que me enganchó a ellos, sin embargo conforme fui creciendo y viviendo experiencias, sus canciones fueron tomando mayor relevancia y significado para mí.

“Bizarre Love Triangle”, esa encantadora melodía danzarina, se convirtió en la pieza que siempre amenizó esos momentos en los que la confusión se apoderaba de mí. La confusión y conflicto de sentirme contento en una relación pero, al mismo tiempo, extrañando un poco la vieja dinámica de convivencia que solía tener al principio con las mujeres en cuestión; otras veces era la canción que expresaba mi desesperación al encontrarme atorado en un triángulo amoroso en el que, por lo regular, yo era el intruso (ya saben, la eterna historia de encontrarte con la persona que tanto idealizaste y con la que tienes una química magnífica pero, lamentablemente, ésta ya está comprometida con alguien más). En pocas palabras, “Bizarre Love Triangle” era (y sigue siendo) un tema agridulce para mí, dependiendo de la situación que esté atravesando.

Nunca he tenido claro lo que estaban pasando Bernard Sumner y compañía cuando le dieron vida a esta canción, sin embargo fue con ella que me interesé por descubrir su obra, por lo que pasado el tiempo llegó a mis manos “Brotherhood” y casi de inmediato se convirtió en uno de mis álbumes preferidos de todos los tiempos.

Han pasado varios años desde aquella primera vez que escuché “Bizarre Love Triangle”, sin embargo ha sido con el mismo transcurrir de los años y la cantidad de experiencias vividas que el amor por esta canción ha ido creciendo más y más, aún sin importar que la mayoría de las veces haya servido como un recordatorio de sucesos dolorosos pero que, para mi sorpresa, resultan ser recuerdos que ahora, luego del calor del momento y la posible incomodidad que experimenté, me brindan una extraña sensación de dulce nostalgia y melancolía.

“Bizarre Love Triangle” es y será una de mis postales musicales preferidas dentro de ese anecdotario musical que encierra la banda sonora de mi vida. Después de todo, la música es algo que se debe sentir y vivir. La música es al oído, lo que la fotografía es para la vista: una manera de detener el tiempo y contemplar ciertos momentos de nuestra vida cada vez que esa enfermedad llamada nostalgia nos invade.



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