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De Japan a David Sylvian, una icónica transición del pop a la experimentación estética

28 Jul

Texto por: Ejival

Japan – ‘Tin Drum’ (1981)

Si algún día se termina de escribir sobre la música de los 80’s, este disco de Japan debe ser uno de los puntos más altos al inicio de esa década. En mi opinión, la estética de este disco no ha podido ser imitada hasta este momento, ni mucho menos igualada. David Sylvian, Mick Karn, Richard Barbieri y Steve Jansen crearon un auténtico funk mutante por el camino del new wave y con cierta sensibilidad hacia sonidos orientales. Pero este homenaje al partido comunista chino es pura abstracción, lo importante es que por fin esta banda había encontrado su propia voz, después de lo suave de Gentlemen Take Polaroids (totalmente clonado por Duran Duran), Tin Drum es una inventiva producción que puso en otra existencia paralela su pasado glam (New York Dolls vs Roxy Music). De aquí en adelante, su cantante, David Sylvian, seguiría en esa furtiva búsqueda por la experimentación (espiritual y estética), dejando su pasado pop y creando un cuerpo de trabajo que con el tiempo terminó alienando a la mayoría de sus seguidores. Eres bienvenido, a partir de aquí, en intentar seguir la pista.

David Sylvian – ‘Brilliant Trees’ (1984)

Después de Japan, el primer disco solista de Sylvian deja en claro que el pasado se podía borrar. Solo el primer track de este disco, ‘Pulling Punches’, deja visible una línea de continuidad a lo anterior. Lo demás rompe el esquema al irse por un jazz airoso, oscuro, con tintes de vanguardia, con Jon Hassell, Ryuichi Sakamoto, Kenny Wheeler, Steven Jansen y Holger Czukay de CAN a bordo. Es de esos discos que no envejecen, cuyos arreglos, interpretaciones y voz de crooner de Sylvian, se complementan eternamente. El dolor existencial e introspección típica de Sylvian en sus letras es tal vez lo más duro de digerir para cualquier escucha casual, pero para los que ya estaban enrolados desde los últimos dos discos de Japan, este disco solista representó una luz brillante dentro de esa oscuridad, un posible pasaje a la esperanza, por así decirlo, que seguiría siendo explorada en sus dos siguientes discos, Gone to Earth (1986) y su obra maestra Secrets of the Beehive (1987).

David Sylvian – ‘Dead Bees On a Cake’ (1999)

Después de sus colaboraciones durante los 90’s con Robert Fripp, Holger Czukay y encontrar el verdadero amor, Sylvian regresa con su último disco del siglo pasado, el último para Virgin Records, un disco maduro y esperanzador, su disco más “comercial”, por así decirlo, impulsado por su relación con la cantante Ingrid Chávez y un grado de espiritualidad budista que es palpable, más nunca por encima de la música. Esta versión expandida del disco es la que hay que escuchar, es el perfecto balance entre la luz y la oscuridad, entre jazz pastel, sofistipop, blues y experimentación ambiental. Suntuosos arreglos de cuerdas y la inconfundible voz de Sylvian pareciendo encontrar el hogar y la felicidad. Tristemente, para su vida personal, esto no sería así. El último track de este disco, ‘Darkest Dreaming’, es un preámbulo a la siguiente era de Sylvian, esa que en los últimos 20 años entregó un trabajo experimental, de improvisación y canción, muchas veces difícil de digerir para los fans de antaño, pero igual de fascinante que lo de sus primeros 20 años después de Japan.

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