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Another Green World: El álbum de Brian Eno que cimentó las nuevas posibilidades en la música

29 Ago

El resultado final de una obra figurado como un proceso interminable, yace como una postura que fundamenta las posibilidades inagotables de cualquier determinación artística. En un momento de clarividencia, Brian Eno pensó, ¿Qué sería de la música que se escucha pero no se escucha realmente?, ¿Qué desafío sería hacer música interesante pero al mismo tiempo ignorable?

Tras un pasado reciente como integrante de Roxy Music y dos discos como solista que continuaron con la experimentación del glam en un ámbito mucho más inventivo, Eno llegó el verano de 1975 al estudio sin algo preparado ni melodías preestablecidas pero con excepción de una idea: el estudio como escenario perfecto del proceso y descubrimiento.

La ambición de Eno por registrar estos procesos concretos, requerían de una dirección que jugara con la suerte y el destino: un año antes, él y el artista Peter Schmidt crearon un mazo de cartas que llamaron Oblique Strategies. Su función era guiar a los artistas en momentos de dilema, donde al tomar una carta al azar y seguir su instrucción, constaba en un acto de ”fé” que ayudaba a tomar un camino y seguir avanzando.

Una vez en el estudio, no todos compartían su iniciativa por el sentido del juego: a Phil Collins y el bajista Percy Jones les fueron entregados hojas de papel en las que Eno les pedía escribir números que correspondían a una nota específica y fueran tocados por todos con la ayuda de un metrónomo. Este procedimiento fue descrito por Eno como ”un infierno” que, dos meses después, dio como resultado Another Green World.

En un álbum de 14 canciones donde solo 5 de ellas contenían la inconfundible voz de su creador, Eno construyó una obra que proyecta su fascinación por música que habitara el sonido, donde la quasi ausencia de vocales magnificara el enfoque íntimo del oyente con un universo de posibilidades.

La repetición como forma de cambio se convierte aquí en el logro metafórico de Eno para sus consecuentes obras, el desafío de percibir algo nuevo en lo que aparentemente está al descubierto desde un principio. Cada compás incita a la reflexión en un mar de posibilidades que intrigan por su efecto que parece entrar y salir de un sueño, donde podemos sentir cómo es la luz, la temperatura y los colores en cada uno de sus rincones. Su voz nos aterriza, sus melodías nos hacen imaginar.

La yuxtaposición entre el pop y los tracks ambientales nos guían a concluir que no se trata de un álbum melancólico ni liberador, sino que nos invita a descubrir las posibilidades y desafíos que la suma de unos cuantos músicos pueden lograr en la exploración de sus mismos ideales: Robert Fripp, con su solo que deslumbra en St. Elmo’s Fire donde buscaban replicar la máquina Wimshurst -un generador que crea chispas que saltan entre dos esferas de metal-; Sky Saw, que presenta instrumentos en constante cambio de estructura fluyendo por la inconfundible viola de John Cale; The Big Ship, que con su ausencia de una estructura narrativa lineal, nos revela nuevos lugares cada que regresamos a ella.

Colaborando con los ya mencionados Fripp, Phil Collins, John Cage, Percy Jones, Rod Melvin y Paul Rudolph, Brian Eno descubrió un lugar al que nadie había llegado antes. Este vínculo de asombro e incesante exploración, han sido una constante en el éxito de Eno como artista hasta hoy en día. Another Green World representa el comienzo en su determinación por desafiar los límites de la música y el sonido. Más que su capacidad por conceptualizar los procesos como nadie antes lo había hecho, su mayor logro fue encontrar el progreso en los momentos de incertidumbre, y eso, es lo que hacen de Brian Eno, una eminencia para el resto de nuestros días.

Texto por: Diego Orozco

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