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A 40 años de The Pleasure Principle: la culminación artística de Gary Numan

05 Sep

Ignorado por muchos durante años y siendo pieza fundamental para el arribo de la música electrónica a las masas, Gary Numan es una figura que a pesar de distinguirse como una de las máximas influencias para artistas de distintas décadas, nunca fue tomado en serio por la crítica especializada de aquellos tiempos. Contrario a todas las opiniones que dividía su peculiar personificación, un 7 de septiembre de 1979 lanzaba lo que se convertiría en su obra más celebrada y que lo catalogaría como una superestrella global: The Pleasure Principle.

Con un pasado reciente en su agrupación Tubeway Army y su prestigiado éxito desbocado Are Friends Electric? -donde tuvo la fortuna de encontrarse en el estudio un Minimoog abandonado que se convertiría en el sonido característico de Numan, argumentando que al tocarlo por primera vez, se olvidó de las guitarras y la estética punk para siempre-, Numan decidió abandonarlos e inmiscuirse de nuevo en el estudio para crear su primer álbum en solitario.

En un disco puramente electrónico que consolidaría su lugar como una de las nuevas sensaciones británicas, Gary Numan llegó a lugares inusitados en lo que a la narrativa pop se refiere: un personaje surgido de la nada, extraño, maquillado en un carácter quasi robótico y lleno de inseguridades. La estética previamente impulsada por actos como Kraftwerk, David Bowie y Suicide, fueron adecuados por Numan en temas que manifiestan alienación, desconfianza de la humanidad, paranoia y la relación entre hombre-máquina en el transcurso de 10 canciones.

La ausencia de pasajes verdaderamente complejos en los lapsos del álbum, hablan de la facilidad con la que Numan simplifica los elementos necesarios para la conjunción de melodías que magnificaron su presencia en la música popular con estándares estratosféricos. Prueba de ello es la suprema Metal, que con sus repetitivas armonías de sintetizadores y las texturas etéreas que amenazan en sus constantes apariciones bajo un ritmo que resalta la tensión de cada compás, logran el suficiente espacio para que Numan utilice su voz como un instrumento más engrandeciendo la frialdad de los elementos.

Esta simplicidad llegó a su máximo esplendor en la cumbre artística de Numan con Cars. Pocos son los momentos en la historia de la música donde los sencillos que llegan al número uno en las listas de popularidad logran radicalizar la forma en que se perciben las fórmulas previamente establecidas. La perfección electro-synthpop que presentó en Cars, significó un parteaguas para los estándares electrónicos que posteriormente se convertirían en el sello característico de la década de los ochenta.

The Pleasure Principle no sería tan venerado como es si no fuera por la solidez del resto de las canciones que ayudaron a extender su legado: tracks como el giro orquestal y ambiental de Complex; el brillante electropop infeccioso de M.E. -la cual años después sería sampleada en el éxito masivo de Bassement Jaxx con Where’s Your Head At-; la amenazante y rítmicamente memorable Films; la potente y bailable apertura instrumental Airlane, o las eternamente imitadas Tracks y Observer.

Cada componente de ávidos detalles tan perfectamente calculados, son llevados hasta grados sublimes por el artífice del motor rítmico: el baterista Cedric Sharpley. Mientras Numan radica en sus icónicas armonías y texturas como atención principal, Sharpley sobresale por ser el arma que coordina los transcursos y la perspectiva en cada momento en que aparece. Por ejemplo, en Observer, donde una melodía aparentemente simple se jacta cuando los redobles y acentos aportan un dinamismo omnipresente. O en la apertura instrumental Airlane, en la cual su four on the floor logra que un track lleno de agitación logre una fuerza motriz con una gran medida de música disco.

La presencia de Numan -desde su característica y elocuente frialdad anti-humana hasta su particular y ambiguo tono de voz- se alinearon en conjunto en el momento perfecto para encaminarlo a una cima de la cual rápidamente cayó y a la cual nunca más regresó. Sus siguientes trabajos de estudio no lograron solidificar el estrellato absoluto que había conseguido con The Pleasure Principle -con excepción de su magnífico siguiente y más obscuro álbum Telekon de 1980-. Pero gracias a ello, la figura de Numan ha trascendido en un estatus de culto que representa a uno de los artistas más importantes e icónicos de su tiempo. Su influencia la podemos escuchar en la actualidad por los rincones musicales más inesperados y hasta en los más evidentes. Gary Numan nos demostró aquí la fórmula de cómo lograr el éxito sin abandonar sus principios de innovación y originalidad, y gracias a eso, seguirá siendo uno de los artistas más significativos y respetados para el resto de nuestros tiempos.

Texto por: Diego Orozco

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