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A 40 años de la consagración artística de David Bowie: La Trilogía de Berlín

04 Oct
David Bowie

Sin su estancia en Berlín a finales de los años 70, la música de David Bowie hubiera tomado un curso muy diferente. Quizás no mejor ni peor, pues estamos hablando de uno de los artistas más influyentes de la historia. Llamada así por una serie de tres discos – Low (1977), ”Heroes” (1977) y Lodger (1979), la famosa ‘Trilogía de Berlín’ podría ser la mayor comprobación de esta influencia. Escapando de la vida de fama y drogas que tenía en Los Ángeles por haber alcanzado Top 10 hits como ‘Fame’ y ‘Golden Years’ durante dos años consecutivos, Bowie decidió alienarse de la sociedad en la ciudad donde él consideraba ‘se estaba escribiendo la historia de Europa en el presente’: Berlín, aún dividida por el muro.

Vivir en un barrio tan desolado, anónimo y culturalmente roto como lo era Schöneberg en ese entonces, fue solo un reflejo proyectado de las necesidades personales de Bowie por un cambio que abrió paso a uno de los momentos más creativos, no solo de su vida, sino también de la de Iggy Pop, Brian Eno y Tony Visconti, quienes colaborarían con él durante estos años hasta su regreso a Estados Unidos en 1980. Tal vez la ‘Trilogía de Berlín’ debería llamarse la ‘Pentalogía de Berlín’, pues fue también en 1977, cuando Iggy Pop pasaba por una etapa similar de lucha contra adicciones, que David Bowie le produjo sus dos obras maestras: The Idiot y Lust for Life (ambas de 1977).

Low, ”Heroes” y Lodger

Quién sabe, tal vez el término ‘trilogía’ se concibe más de una trifecta perfecta conformada por Bowie, Eno y Visconti. Fue el concepto ambient apenas naciente de Brian Eno, la voz y excentricidad artística de David Bowie y los nuevos recursos de producción musical que Tony Visconti trajo a la mesa, lo que dio luz a creaciones fugaces que se convertirían en influencias permanentes.

En una carrera llena de vueltas inesperadas, Low fue quizás la movida más audaz de Bowie. Grabado en Francia, este álbum fue un giro notoriamente coludido por el género kosmische musik, mejor conocido como krautrock. Su enfoque fue experimentar con nuevas formas de escribir y evolucionar un lenguaje musical; nadie entendió mejor esto que Brian Eno, quien intercambió el glam de Roxy Music por música ambient con instrumentos tan homogéneos que se vuelven indistinguibles uno del otro. La mano de Eno, la notamos más en la segunda mitad del disco y en obras maestras como ‘Warszawa’, canción por la cual la banda Joy Division en sus inicios se llamaba Warsaw.

Pero no todo fue Brian Eno: el audio innovador de este álbum y el que seguiría fue gracias también al Eventide Harmonizer que adquirió Visconti, un sampler innovador que modificaba sonidos en tiempo real, el cual utilizaron principalmente en las percusiones. El resultado fue un álbum que aterrorizó a RCA Records (lo llamaron ‘suicidio comercial’), pero apantalló a todos los consumidores de la música de culto. Después vendría ”Heroes”, un álbum también dividido entre canciones con letra e instrumentales.

‘Heroes” fue la culminación de la relación entre Eno y Bowie, una en la que por primera vez Bowie se convertiría en el estudiante para que Eno le mostrara el camino. Fue también la culminación de Bowie como un artista maduro, que logra escapar de su egocentrismo causado por la fama para convertirse en el colaborador por excelencia. Un gran ejemplo de esto fue integrar la guitarra de Robert Fripp de King Crimson en el proyecto.

El Meistersaal, lugar donde ”Heroes” fue grabado, impone su sonido y su contexto en un álbum claramente influenciado por un ámbito posguerra, característico por un balance entre caos y esperanza: ’we can be heroes, just for one day’. El espacio dio pie a exposiciones expresionistas, a eventos nazis, y fue claramente afectado por la Segunda Guerra Mundial; tan solo a las afueras del estudio aún se apreciaban los hoyos causados por las balas. Es curioso como la energía de un lugar afecta toda la psicología de un disco, tal como lo notamos años después con The Downward Spiral (1994) por Nine Inch Nails, grabado en la casa de Sharon Tate donde ocurrieron los asesinatos de Charles Manson (la influencia entre Trent Reznor y David Bowie siempre fue mutua).

Aunque Lodger (1979) fue considerado el último de la Trilogía de Berlin, este fue grabado en sus inicios en Suiza y fue completado en Nueva York. Es un álbum que ponía en evidencia la influencia que causó en Eno el trabajar en otros proyectos de producción como con Talking Heads. Robert Fripp fue reemplazado por el entonces guitarrista de Frank Zappa, Adrian Belew y un violinista a la Velvet Underground (Simon House) fue agregado a la ecuación. A pesar de esperar dos años por la inspiración, el álbum tuvo una percepción como de reciclaje de ideas. Ejemplo de esto es la recreación de ‘Sister Midnight’ -originalmente en el álbum The Idiot– en la canción ‘Red Money’, incluso usando los mismos tracks de acompañamiento que en la grabación de Iggy Pop. La relación creativa entre Eno y Bowie se fue fracturando, evidencia de que necesitarían un tiempo para trabajar juntos de nuevo, y no fue hasta los años 90 que esto ocurrió.

La influencia de Bowie tiene alcances imposibles de expresar en un párrafo, hasta ahora es y seguirá siendo notable en la música de innumerables artistas. Simplemente Gary Numan, Trent Reznor, David Byrne, Lou Reed, Robert Smith, Dave Gahan, Martin Gore, Kurt Cobain y muchos otros más han dicho de viva voz la manera en la que la música de David Bowie resignificó sus vidas, sin contar todas las almas que tocó fuera y dentro del ámbito musical. Bowie es la inclusión del misfit y un artista en todos los aspectos único y a la vez universal.

Texto por: Alejandra Laveaga

Low

”Heroes”

Lodger

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