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A 10 años de ‘Swim’ de Caribou: una odisea hipnótica en la mente de Dan Snaith

20 Abr

Como el artista multifacético que es, Dan Snaith, mejor conocido como Caribou, tuvo que pasar por la folktrónica, el shoegaze y el krautrock para encontrar el sonido que lo caracteriza. Ya llevaba unos años en la escena de la música con el nombre Manitoba, pero con Caribou fue que comenzó a cobrar otro nivel, y no fue hasta el año 2010 que comenzó a llamar significativamente la atención. Swim fue lanzado un día como hoy (20 de abril) en el año 2010. Así es, ya una década. Un álbum con diseños circulares de colores cálidos y manchas azules cuya música varios de nosotros descubrimos durante el acto telonero de los conciertos de Radiohead en el Foro Sol (2012). Ahí estaba en el escenario Dan Snaith con sus pads en conjunto con 2 percusionistas y un guitarrista. Tocando a la altura.

Lo interesante de Swim, es que se convirtió en un álbum más memorable de lo que normalmente significa un simple álbum de baile. Quizás es porque su música tiene estos ritmos que sientes te llevan a un lado espléndido para terminar inconclusos. Esa falta de conclusión es la que se imprime en la memoria, como si estuvieras llegando a la cima de una montaña rusa, para descubrir que por arriba es plana. Swim es un shot de adrenalina que solo desechas bailando. Definitivamente te deja con las ganas de escucharlo otra vez. Aunque es raro que suceda en la música electrónica, sus pistas son impredecibles, ya que la repetición se interrumpe con efímeras pero estruendosas orquestaciones y texturas de pinceladas finas. Todo acompañado de una voz que nunca es irreconocible.

El viaje siempre tiene que empezar por un lado, y en el caso de Swim comienza en ‘Odessa’, referente a un lugar por Ucrania o quizás a una ciudad griega antigua, la verdad que no importa, el punto es que cuando la escuchamos, todos somos odesianos y bailamos como tal. ‘Sun’ continúa en esa vibra playera de club al atardecer. La cosa empieza a ponerse seria cuando llegas a ‘Kaili’. Por si aún no te habías adentrado lo suficiente, Snaith incorpora unos sintetizadores paneados por todos lados, como piedras rebotando en un lago para mantenerse así en toda la canción. Sus influencias psicodélicas continuan en ‘Found Out’, donde ahora no son los sintetizadores si no su voz la que se teletransporta en el espacio. Una guitarra entra evidentemente en su propio tiempo, pero luego por la repetición tu cerebro se acostumbra. Sin necesidad de meter voz, ‘Bowls’ llega con el statement de que cualquier objeto puede ser una percusión si lo produces bien. ‘Leave House’ se torna más en una tendencia indie combinada con electrónica, característica de grandes representantes como LCD Soundsystem a principios de los 2000’s. Si una canción del disco pudiera comerte, sería ‘Hannibal’. Sin duda la más amenazante y extrañamente incómoda. Pero eso da un giro de 180º con ‘Lalibela’, que es de esos feelgoods refrescantes difíciles de encontrar. Para terminar, Snaith juega con tus sentimientos: lo que parece va a ser la canción más gloriosa de todo el álbum, te deja con esas ganas de escuchar más de la que estaba hablando. Es hasta algo abusivo, lo bueno es que en vivo lo convierte en grande.

Dan Snaith comentó al respecto del álbum: ”Por un tiempo creí que Swim era un álbum demasiado raro. Me había acostumbrado a la idea de que la mayoría de las personas que venían a hablarme después de un show sólo me recordaban a mí mismo -músicos obsesivos-. Pero tiempo después del tour con Swim, la gente me contaba historias de cuando fueron a Ibiza a los 17 y recuerdan haber bailado en la terraza al ritmo de ‘Sun’ repetidas veces en el atardecer. Para mí fue como, espera… ¡Esto es totalmente diferente a mí! Fue increíble.”

Para el after de sus conciertos con Radiohead, Dan bookeaba DJ sets en los clubs locales de la ciudad donde se encontraran, siempre acompañado de un invitado especial. ”He hablado lo suficiente con Thom Yorke para saber que le encanta hacerla de DJ. No es el tipo de persona que termina un show y se va de vuelta al hotel. Entonces solía decirle: ‘Hey Thom, ¿quieres venir conmigo?’ Era demasiado divertido aparecer con él en un club”. Fue en estos clubs que Snaith cobró la confianza que necesitaba como DJ para hacer otro proyecto orientado más a la música electrónica para la pista de baile. Lo llamaría Daphni.

Texto por: Alejandra Laveaga



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